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Impresionismo:                          
Movimiento pictórico francés de finales del siglo XIX que apareció como reacción contra el arte académico.
El movimiento impresionista se considera el punto de partida del arte contemporáneo. El  impresionismo en pintura partió del desacuerdo con los temas clásicos y con las encorsetadas fórmulas artísticas preconizadas por la Academia Francesa de Bellas Artes.  La Academia fijaba los modelos a seguir y patrocinaba las exposiciones oficiales del Salón parisino.  Los impresionistas, en cambio, escogieron la pintura al aire libre y los temas de la vida cotidiana.  Su primer objetivo fue conseguir una representación del mundo espontáneo y directo,  y  para ello se centraron en los efectos que produce la luz natural sobre los objetos. Las figuras principales del movimiento fueron:

   DEGAS
   MANET
   MORISOT
   PISARRO
   RENOIR
   SISLEY

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Los pintores impresionistas
                    
              
Aunque estrictamente no pertenezca al grupo de los impresionistas, ya que ni cultivó el tema favorito de ellos -el paisaje- ni se atuvo con rigor a los principios que hemos expuesto,  Edouard Manet (1832-1883) está vinculado a este movimiento y  hasta lo adelanta en algunos aspectos. El empleo de tonos claros, la aplicación de colores enteros yuxtapuestos, sin degradar, la supresión del claroscuro, la eliminación de la perspectiva, constituyen rasgos impresionistas que Manet subordina el tema a lo pictórico, poniendo el interés es éste sobre el asunto, con lo que el contenido pierde todo su interés de éste sobre el asunto, con lo que el contenido pierde todo interés narrativo. Pero mantuvo un dibujo firme, que se apoya en una línea estrictamente ceñida al contorno del objeto. Inspirado en las estampas orientales, en las que el arabesco lineal crea la forma y el espacio sin necesidad del modelado, Manet logra dar la ilusión del relieve sin salirse del espacio bidimensional del cuadro, en lo cual se acerca tanbién al impresionismo, que rechaza la profundidad geométrica.
Obras de Manet muy conocidas son el célebre Dejeneur sur l´herbe y la Olympia, que levantaron gran escándalo al exhibirse. De excelente impresionismo son los cuadros en que Manet toca el tema de las multitudes, no tanto por la impresión de movimiento como por la masa o entidad superior, física y psicológicamente distinta de los individuos que la componen. Sirvan de ejemplos: Carreras de caballos en Longchamps, En el jardín de las Tullerías, El bar del Follies Bergere, etc...
Un paisaje de  Claudio Monet (1840-1926), llamado Impression, expuesto en el famoso Salón de los rechazados de 1874, dio el nombre, despectivo de un principio, a los que pintaban más o menos de igual manera.
Monet  sigue en sus comienzos el realizmo de Courbet, y el más refinado y casi impresionista de Manet. Sus primeras pinturas son retrats y composiciones en las que entre la figura humana, como El almuerzo, La japonesa, En el jardín, etc... En estas telas se advierte ya, sin embargo, que no es la representación del objeto lo que más interesa a Monet. Cuando pinta un retrato, en vez de atenerse fielmente al modelo, se distrae con el juego inestable de las luces, que va a ser la gran pasión de su vida. Con el tiempo, el problema de los efectos luminosos le apasiona al punto de hacerlo el tema esencial del cuadro. En sus paisajes espléndidos, la luz está presente en toda su magnificencia, y, con la luz, la vida secreta de la naturaleza; el perenne temblor de las frondas, el escalofrío que recorre las campiñas, el aire que hincha la vela, el parpadeo de las hondas inquietas y el polvillo cósmico que flota con el polen, el vaho del agua y el jirón de nube llevando irradiaciones de calor luminoso a todas partes. Hacia la mitad de su vida, Monet, para demostrar la influencia de los accidentes atmosféricos, de la estación y aún de la hora, en la apariencia del paisaje, pinta el mismo motivo bajo circunstancias diferentes. Así nacen las magníficas series de Las catedrales, Los almiares, etc. Y, en sus últimos días, casi ciego, Las Ninfeas, el poema del agua y los nenúfares.
El impresionismo tuvo en Monet su máximo maestro. Alfred Sisley (1839-1899) y  Camilo Pisarro (1830-1903) practicaron un impresionismo más moderado. Pisarro, pintor que visitó Venezuela y pintó algunas estampas del país, no se desentendió de la realidad que hay tras la sensual cortina del color, y en sus escenas de plazas y calles de París de solidez y cuerpo a las masas de edificios con grandes y espesas manchas.
Sisley pintó, al modo de  Corot, pero con la encendida paleta del plenairismo paisajes de gran encanto, logrando en algunas ocaciones ponerse a la altura de un maestro tan grande como Monet..
Pedro Augusto Renoir (1841-1919), el otro pintor de la escuela, centra su interés en la figura humana, sobre todo, en el desnudo femenino. El estilo de Renoir logra la síntesis de los tres elementos de la pintura -línea, color y tono- que las distintas escuelas mantenían separados exaltando el valor individual de cada uno. Dentro del impresionismo, del que toma los colores claros y luminosos, la pincelada gruesa y espontánea y la preocupación por la luz ambiental, la pintura de Renoir se caracteriza por el empleo del negro -el rey de los colores, lo llamaba-, por la importancia que da a la forma y por la fuerza del modelado, que resalta los valores táctiles. Así lograba la pasmosa turgencia de las carnes de sus bañistas, transformando el color en materia viviente, en sangre, en jugos y en tegidos orgánicos.
En su fecunda vida artística, .htm" Renoir dejó pinturas tan admirables como Le Moulin de la Gallette, El almuerzo, La mujer de la sombrilla, Muchachas tocando el piano, La niña del gato, y un incontable número de magníficos desnudos, paisajes y retratos extraordinarios, como el de Madame Charpentier y sus hijas.
Edgardo Degas (1834-1917) aplicó la rápida técnica del pastel a fijar el grácil y efímero movimiento de las bailarinas de  ballet, que le han hecho famoso. Las figuras trenzando el arabesco de la danza al resplandor de las candilejas que las transforman en rutilantes apariciones, le dan a Degas magnífica oportunidad de jugar con la luz y el calor.
Su estilo, elegante y enérgico, que descansa en el sólido armazón de un dibujo preciso, que define netamente las formas, se inscribe en el impresionismo por la nerviosa concisión del trazo, pero también por el empleo de los colores puros, a los que deben sus bailarinas la calidad vaporosa que las hacen tan delicadas. Interesado en reproducir la impresión de movimiento, Degas tocó con frecuencia el tema hípico.
El impresionismo ejerció una amplia influencia sobre la pintura y la escultura, dentro y fuera de Francia, y dio la pauta para una manera de ver la realidad que no ha perdido vigencia, aunque la pintura haya corrido por otros canales muy distintos en estos últimos años. Notables pintores, dentro de esta escuela, fueron los franceses Eugene Boudin (1824-1898) y Berthe Morisot (1841-1895); los alemanes Max Liebermann (1874-1935), Luis Corinth (1858-1925) y Max Slevogt (1868-1932), los españoles Mariano Fortuny (1838-1874), Juaquín Sorolla (1863-1923), Joaquín Mir (1873-1940) y Darío Regoyos (1857-1916); el belga James Ensor (1860-1959); y los americanos James Whistler (1834-1903), Mary Cassat (1844-1926) y John Sargent (1856-1925).
Los impresionistas se preocuparon más por captar la incidencia de  la  luz sobre el objeto que por la exacta representación de sus formas,  debido a que la luz tiende a difuminar los contornos  y  refleja los colores de los objetos circundantes en las zonas de penumbra. Los pintores académicos definían las formas mediante una gradación tonal,  utilizando el negro y el marrón para las sombras. Los impresionistas eliminaron  los detalles minuciosos y tan sólo sugirieron  las  formas,  empleando para ello los colores  primarios  -cyan, magenta y amarillo- y los complementarios -naranja, verde y violeta-. Consiguieron  ofrecer  una ilusión de realidad aplicando directamente sobre el lienzo pinceladas de color cortas y yuxtapuestas, que mezcladas por la retina del observador desde una distancia óptima aumentaban  la  luminosidad  mediante el contraste de un color primario (como el magenta) con su complementario (verde). De este modo, los impresionistas lograron una mayor  brillantez en sus pinturas  que la que se produce normalmente al mezclar  los  pigmentos  antes  de  aplicarlos.
El impresionismo ejerció una fuerte influencia durante décadas. Artistas que partieron del impresionismo idearon  otras  técnicas e iniciaron nuevos movimientos artísticos. Los pintores franceses: Georges Seurat y Paul Signac ejecutaron lienzos a base de pequeños puntos de color, aplicando una derivación científica de la teoría impresionista conocida como puntillismo o divisionismo. Los postimpresionistas:  Paul  Cezanne,  Henri de Toulouse-Lautrec, Paul Gauguin  y  Vincent  van  Gogh estuvieron  muy  influidos  por  la  vivacidad  del  colorido impresionista. La obra de Cézanne anticipó el cubismo, mientras que la de Gauguin y Van Gogh representaron el comienzo del expresionismo.

                                

II. Historia
Aunque los hallazgos del impresionismo francés resultaron decisivos para la pintura del siglo XX, los intentos por plasmar los efectos de la luz natural no eran nuevos. En el siglo XVII Jan Vermeer había utilizado fuertes contrastes de luces y sombras para bañar sus lienzos de luz natural. Diego Velázquez en el mismo siglo y Francisco de Goya a finales del siglo XVIII captaron la impresión lumínica mediante la eliminación de sombras secundarias y la introducción de zonas de luz en detrimento de la nitidez de los contornos. Su pincelada también preludió la de los impresionistas franceses.

Los precursores inmediatos del impresionismo fueron los ingleses John Constable y J.M.W. Turner. Cuando Monet y Pissarro vieron por primera vez sus obras en 1871 se sintieron conmovidos por la atmósfera y los efectos difusos de luz característicos de la pintura de Turner. Los pintores de la Escuela de Barbizon fueron también antecedentes del movimiento impresionista francés. Treinta años antes de la primera exposición impresionista, Camille Corot, miembro circunstancial de la Escuela de Barbizon calificado en ocasiones como padre del impresionismo, interpretaba los fugaces cambios lumínicos en una serie de temas pintados a diferentes horas del día. Eugène Louis Boudin, un pintor preimpresionista, que fue maestro de Monet, enseñó a sus discípulos a expresar un sentimiento de espontaneidad en sus obras, mientras que el realista Gustave Courbet alentó a los impresionistas a buscar su inspiración en la vida cotidiana.

Édouard Manet considerado el primer impresionista -aunque rechazaba este calificativo- mostró cómo se podían obtener sutiles representaciones de luz por la yuxtaposición de colores fuertes y contrastados. Su cuadro La merienda campestre (1863, Museo de Orsay, París), expuesto en el Salón de los Rechazados (Salon des Refusés) organizado en oposición a las exposiciones oficiales en el Salón de la Academia, señaló el comienzo de una nueva era en el arte. Los pintores impresionistas organizaron su primera exposición independiente en 1874. Los treinta participantes compartían su rechazo al academicismo imperante y su admiración por las atrevidas composiciones de Manet. El término impresionista fue usado por primera vez por el crítico Leroy en la revista Charivari para denominar irónicamente un cuadro de Claude Monet titulado Impresión, amanecer (1872, Museo Marmottan, París). El término fue adoptado oficialmente durante la tercera exposición impresionista en 1877. Los impresionistas fueron apoyados por notables miembros de la sociedad francesa, como los literatos Émile Zola y Charles Baudelaire, el pintor-coleccionista Gustave Caillebotte, y el marchante de arte Paul Durand-Ruel. Sin embargo la prensa y el público, acostumbrados al convencional estilo académico, se mostraron hostiles hacia el nuevo arte.

Los impresionistas evolucionaron hacia distintos estilos individuales y compartieron como grupo sus experimentos sobre el color. Sólo Monet fue ortodoxo en la aplicación de la teoría impresionista. Pintó varias series -la catedral de Ruán, la estación de Saint-Lazare, los álamos- en diferentes horas del día y estaciones del año. Pissarro utilizó una paleta más delicada y también se concentró en los efectos de luz sobre las formas. Sisley, aunque muy influido por Monet, conservó una sutileza propia. Degas, que no fue un impresionista ortodoxo, captó la fugacidad del movimiento en las escenas de ballet y de caballos, a menudo representadas con la técnica del pastel. Los sutiles paisajes de Morisot se destacan por la intensa pincelada más que por la precisión lumínica.

El impresionismo francés influyó en artistas de todo el mundo. Los más significativos fueron el estadounidense James Abbott McNeill Whistler, cuyos nocturnos (1877) plasman efectos de incendios o luces brillando a través de la niebla, Childe Hassam, Winslow Homer y el inglés Walter Sickert, el italiano Giovanni Segantini y el español Joaquín Sorolla.

El impresionismo ejerció una fuerte influencia durante décadas. Artistas que partieron del impresionismo idearon otras técnicas e iniciaron nuevos movimientos artísticos. Los pintores franceses Georges Seurat y Paul Signac ejecutaron lienzos a base de pequeños puntos de color, aplicando una derivación científica de la teoría impresionista conocida como puntillismo o divisionismo. Los postimpresionistas Paul Cézanne, Henri de Toulouse-Lautrec, Paul Gauguin y Vincent van Gogh estuvieron muy influidos por la vivacidad del colorido impresionista. La obra de Cézanne anticipó el cubismo, mientras que la de Gauguin y Van Gogh representaron el comienzo del expresionismo.
Jan Vermeer
Vermeer, Jan (1632-1675), pintor holandés que destacó por sus retratos de escenas de interiores llenas de serenidad, compuestas con una claridad matemática e imbuidas de una luz fría y plateada.

Vermeer, también llamado Jan van der Meer van Delft, nació en Delft y fue bautizado el 31 de octubre de 1632. Tras seis años de aprendiz, parte de ellos a las órdenes del pintor holandés Carel Fabritius, fue admitido en 1653 en la cofradía de San Lucas como maestro pintor. Fue un miembro importante de ella y sirvió en el consejo de gobierno. Se ganó la vida modestamente como marchante más que como pintor.
Sólo se conservan 35 lienzos de Vermeer. Este pequeño número parece ser fruto del metódico y deliberado estilo de trabajo de este autor, su corta vida y la desaparición de muchas de sus obras durante un periodo de oscuridad tras su muerte en Delft, el 15 de diciembre de 1675.

                       
Con algunas excepciones, que incluyen paisajes, escenas de calle y algunos retratos, la producción de Vermeer consistió en interiores domésticos llenos de luz en los que una o dos figuras están leyendo, escribiendo, tocando un instrumento musical, o realizando alguna tarea doméstica. Estas obras de observación y ejecución precisa de la vida holandesa del siglo XVII se caracterizan por un sentido geométrico del orden.
Vermeer fue una maestro de la composición y la representación en el espacio. Joven dormida a la mesa (c. 1656, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York) ejemplifica su manejo de las tonalidades y la perspectiva sobre el fondo, hacia el plano medio y más allá en la distancia. En La lechera (1660, Rijksmuseum, Amsterdam), Mujer con jarra de agua (1663, Museo Metropolitano de Arte), Vista de Delft (c. 1660, Mauritshuis, La Haya) y otras obras, se recogen los efectos de la luz con una sutileza, delicadeza y pureza de color que son virtualmente únicas. Entre sus obras también destacan Soldado y mujer riendo (1657, Frick Collection, Nueva York) y Joven con sombrero rojo (1667, National Gallery of Art, ciudad de Washington).
Vermeer fue olvidado tras su muerte y no se le redescubrió hasta el siglo XIX. A partir de entonces su reputación ha crecido de modo constante. Hoy se le considera uno de los más grandes pintores holandeses.

¿Qué fue el impresionismo?

De representar las cosas como sabemos que son -conocimiento intelectual- a representar la móvil apariencia con que las reciben los sentidos, sometidas a todas las influencias del medio -conocimiento experimental-, es la distancia que hay de Courbet a los impresionistas.

Las novedades técnicas y teóricas que éstos traen exigen un estudio detallado, pero bueno es advertir que al movimiento impresionista no le faltan antecedentes. Rembrandt, Velázquez, Hals, Watteau, Fragonard, Goya, Delacroix, el mismo Courbet, y aun antes, los venecianos, habían venido preocupándose por la luz y sus efectos sobre las cosas. Muy cerca están también tres pintores ingleses, que, por el énfasis que dan a la luz, adelantan el primer postulado del impresionismo; Richard Bonintong (1802-1828) y sus compatriotas Turner y Constable.

Pero en estos años de la segunda mitad del siglo XIX, con los descubrimientos que hace la física sobre la naturaleza de la luz, cuando se despierta en los pintores un interés más vivo sobre los fenómenos luminosos y su aplicación a la pintura. La luz es el vehículo necesario de toda impresión visual, por lo que es lógico que constituya la primera y principal preocupación del pintor. Es la luz solar la que, cayendo con mayor o menor inclinación, con intensidad distinta, directa o reflejada, sobre las cosas, engendra la ilusión del color y de la línea, que es inherente al fenómeno de diferenciación de los colores. De manera que lo que nosotros vemos, en rigor, no son los objetos sino las manchas coloreadas -atmósfera, luz- que las envuelven y que es lo que hay que pintar, pues es lo cierto que, a pesar del carácter irreal de la impresión, para el pintor tiene el mismo valor que la realidad objetiva.

Como resultado de esta teoría, la técnica pictórica sufrió una profunda transformación. Puesto que la retina viene a ser el laboratorio donde los colores, que llegan separados, se unen y combinan según leyes de simpatía para dar la sensación última, se hacía innecesaria la mezcla en la paleta, y bastaba, para el fin propuesto, su yuxtaposición, observando las leyes de complementariedad y contraste.

En consecuencia, los impresionistas compusieron una paleta de colores puros, desterrando los tonos oscuros, neutros y grises que no aparecen en el espectro solar, con lo que el resultado es una pintura luminosa, de tonalidades vivas y claras. El procedimiento tiene, además, una indudable ventaja: la de que, realizándose la mezcla con luz coloreada, el tono resultante es de una limpieza que jamás la puede lograr la mezcla física de los pigmentos.

Como todo este maravilloso mundo coloreado, para hacerse visible, requería la colaboración de la luz libre, los impresionistas se dedicaron, sobre todo, al paisaje, dando origen a la pintura al aire libre.

Aunque como ya se ha advertido, hay antecedentes en distintas épocas y países, el impresionismo como escuela puede decirse que nació en Francia, cuando un grupo de pintores empezó a interesarse en los problemas de la luz y quiso aplicarlos a sus pinturas, formulando unas reglas que pueden definirse así:
El pintor debe pintar lo que ve, la sensación que reciben sus ojos, aunque sepa que las cosas son de otra manera a como las percibe. Es la impresión visual lo que hay que transmitir.

Las cosas no tienen color propio, sino que es la luz la que lo engendra y presenta como una apariencia real.

Por tanto la luz, las condiciones con que se produce, influirán decisivamente en el aspecto sensible de las cosas. La atmósfera, el día, la estación, etc...  cambian los colores, de tal modo que las cosas no son iguales a sí mismas en ningún momento.

Los colores, modulados y desdoblados en matices y tonos más claros o más oscuros, sirven para sugerir la forma de los objetivos y la distancia. La línea, el contorno cerrado y bien perfilado, no tienen sentido para los impresionistas.

En la naturaleza no existe el negro, por lo que las sombras más oscuras tendrán cierto grado de claridad, proveniente de los reflejos  de las cosas circundantes y del aire atmosférico que las envuelve. El efecto general será, pues, de gran claridad.

Por  virtud de las leyes de complementariedad, las partes no iluminadas directamente tendrán tonalidades violetas. Los efectos luminosos, por lo tanto, se basarán en el contraste binario: amarillo-morado.

Para lograr la limpia intensidad de la luz real, los colores no se mezclan en la paleta, sino que se aplican separadamente buscando el tono adecuado por medio de la combinación  óptica. De  aquí  que  los impresionistas trabajan con una serie de colores limitada a los del espectro solar, o sea, rojos, amarillos, violetas, azules y, en menos proporción, el blanco.

Los pintores impresionistas

Aunque estrictamente no pertenezca al grupo de los impresionistas, ya que ni cultivó el tema favorito de ellos -el paisaje- ni se atuvo con rigor a los principios que hemos expuesto, Edouard Manet (1832-1883) está vinculado a este movimiento y hasta lo adelanta en algunos aspectos. El empleo de tonos claros, la aplicación de colores enteros yuxtapuestos, sin degradar, la supresión del claroscuro, la eliminación de la perspectiva, constituyen rasgos impresionistas que Manet subordina el tema.
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Lunes, 15 de Enero de 2001.